Las encías sujetan y protegen los dientes, pero solemos acordarnos de ellas solo cuando sangran o duelen. Cuando se inflaman aparece la gingivitis; si no se trata, puede progresar a periodontitis, con pérdida del hueso que sostiene la dentadura. La buena noticia es que mantener unas encías sanas está, en gran parte, en sus manos.
La clave para cuidar las encías no es hacer grandes esfuerzos puntuales, sino repetir bien unos pocos gestos cada día. Estos son los cinco hábitos que más ayudan.
1. Cepillado correcto
Cepíllese dos veces al día, dos minutos cada vez, con un cepillo de filamentos suaves. Más importante que la fuerza es la técnica: la encía se cuida cepillando bien, no cepillando fuerte.
Coloque el cepillo en un ángulo de unos 45° hacia la línea de la encía y realice movimientos cortos y suaves, casi vibratorios, sin frotar de un lado a otro. Un cepillado agresivo desgasta y retrae la encía en lugar de protegerla. Cambie el cabezal cada tres meses o cuando las cerdas se abran.
2. Higiene interdental
El cepillo no llega a las caras que hay entre diente y diente, justo donde más se acumula la placa que inflama la encía. Por eso el cepillado, por bueno que sea, se queda a medias sin higiene interdental.
Use seda dental o cepillos interproximales una vez al día, preferiblemente por la noche. Los cepillos interdentales son muy eficaces, pero solo si se elige el tamaño adecuado para cada espacio; podemos indicárselo en la consulta para que no dañe la encía ni deje huecos sin limpiar.
3. Revisiones y limpiezas profesionales
Por muy buena que sea la higiene en casa, siempre queda sarro que el cepillo no puede retirar. Acuda a revisión con la frecuencia que le indiquemos y realice sus limpiezas dentales profesionales programadas.
La limpieza elimina el sarro por encima y por debajo de la encía y permite detectar a tiempo cualquier signo de enfermedad periodontal, cuando todavía es fácil de tratar. Es la mejor forma de anticiparse antes de que aparezcan las molestias.
Cuidar las encías no depende de un producto milagroso, sino de la constancia: cepillado bien hecho, higiene entre los dientes y no saltarse las revisiones. Esos tres gestos, mantenidos en el tiempo, evitan la mayoría de los problemas.
Dra. Patricia Palma · Dirección médica de P&P Clinic4. No fumar
El tabaco es uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad periodontal. Reduce el riego de sangre en la encía, favorece la acumulación de placa y, además, enmascara los síntomas: al sangrar menos, la enfermedad puede avanzar sin que usted lo note hasta que está avanzada.
Dejar de fumar mejora de forma clara la salud de las encías y la respuesta a cualquier tratamiento. Es, probablemente, el cambio de hábito con mayor impacto sobre su boca.
5. Vigilar las señales de alarma
Cuidar las encías también es estar atento. Consulte cuanto antes si nota alguno de estos signos:
- Sangrado al cepillarse, al usar la seda o de forma espontánea.
- Retracción de la encía o sensación de que los dientes se ven "más largos".
- Mal aliento persistente que no desaparece con la higiene.
- Movilidad o sensación de que algún diente se mueve.
Ninguno de estos signos es normal. Detectarlos pronto marca la diferencia entre una gingivitis reversible y una periodontitis que ya ha causado daño en el hueso. Ante la duda, siempre es preferible consultar.
Encía sana
- Color rosa firme y aspecto uniforme.
- No sangra al cepillarse ni al usar la seda.
- Bien adherida al diente, sin retracciones.
- Sin mal aliento persistente ni molestias.
Encía enferma
- Enrojecida, hinchada o brillante.
- Sangra con facilidad al cepillarse.
- Retraída, con "dientes más largos".
- Mal aliento persistente o movilidad dental.
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