Un absceso dental es una acumulación de pus provocada por una infección en el diente o en la encía. Puede aparecer de un día para otro, con un dolor intenso y, a veces, con hinchazón en la mejilla o en la propia encía. Entendemos que asuste, pero queremos empezar por transmitirle calma: se trata de un problema frecuente que, valorado a tiempo, tiene una solución clara.
En esta guía le explicamos qué es realmente un absceso, cómo puede aliviar las molestias mientras consigue cita, en qué situaciones debe considerarlo una urgencia y por qué conviene que sea un profesional quien decida el tratamiento. Le adelantamos algo importante: los medicamentos por su cuenta no resuelven la causa y pueden retrasar la solución.
¿Qué es un absceso dental y por qué aparece?
El absceso es la respuesta del organismo ante una infección bacteriana. Cuando las bacterias alcanzan el interior del diente o el tejido que rodea la raíz, se forma una bolsa de pus que provoca inflamación, presión y ese dolor tan característico. Según dónde se localice, hablamos de absceso periapical, si nace en la raíz del diente, o de absceso periodontal, si el origen está en la encía.
Las causas más habituales son una caries profunda que ha llegado al nervio, una infección de las encías o un diente fracturado por el que penetran las bacterias. En muchos casos, el origen está en una pieza que necesitaba tratamiento desde hacía tiempo y que ha terminado por infectarse. Las muelas del juicio, por su difícil limpieza, son una localización frecuente.
Aunque el dolor remita durante unos días, la infección sigue ahí. Un absceso nunca se cura sin tratar su causa, ya sea el diente o la encía. Ignorarlo solo hace que el problema avance y que la infección pueda extenderse a otras zonas.
Síntomas: cómo reconocer un absceso
El síntoma más característico es un dolor punzante y persistente en el diente afectado o en la encía, que suele empeorar al masticar o al tomar algo frío o caliente. A menudo se acompaña de otras señales que conviene vigilar.
Molestia punzante en el diente o la encía, que aumenta con la masticación y la presión.
Inflamación de la encía o de la mejilla, a veces con una zona enrojecida y caliente al tacto.
Sabor desagradable en la boca, sobre todo si el absceso drena pus.
En infecciones avanzadas pueden aparecer fiebre, decaimiento o dificultad para abrir la boca.
A veces el dolor de un absceso desaparece de repente. No es una buena señal: suele significar que el absceso ha drenado por sí mismo o que el nervio del diente ha muerto, pero la infección continúa activa. Conviene acudir igualmente a la consulta.
¿Cuándo un absceso es una urgencia?
Un absceso siempre merece valoración, pero hay signos que indican que debe acudir cuanto antes. Si la hinchazón crece con rapidez, aparece fiebre alta, le cuesta tragar o respirar, o la inflamación se extiende hacia el ojo o el cuello, no espere: acuda a un servicio de urgencias. Estas situaciones son poco frecuentes, pero requieren atención inmediata porque la infección puede comprometer zonas importantes.

Qué hacer mientras acude a la consulta
Mientras consigue cita, hay medidas sencillas que pueden ayudarle a estar más cómodo. No sustituyen al tratamiento, pero alivian de forma temporal hasta que un profesional valora la causa.
Aplique frío por fuera
Una compresa fría sobre la mejilla, en intervalos, ayuda a reducir la hinchazón y a calmar el dolor.
Enjuagues con agua y sal
Enjuagarse con agua tibia y una cucharadita de sal varias veces al día mantiene la zona más limpia.
Cuide la higiene con suavidad
Siga cepillándose con cuidado alrededor de la zona para no acumular más bacterias, sin presionar el absceso.
Evite el calor local
No aplique calor en la cara ni tome alimentos muy calientes, ya que pueden favorecer que la infección se extienda.
Por qué no debe automedicarse
Es comprensible que ante el dolor se recurra a un analgésico o incluso a un antibiótico que se tenga en casa. Sin embargo, le pedimos prudencia: tomar antibióticos por su cuenta puede enmascarar los síntomas sin eliminar la causa, y un uso inadecuado favorece que las bacterias se vuelvan resistentes. Un calmante puede aliviar un rato, pero el absceso seguirá ahí. Tampoco debe intentar reventarlo usted mismo, porque manipular la zona puede empeorar y extender la infección.
La pauta correcta debe indicarla un profesional después de valorar su caso, porque no todos los abscesos se tratan igual. Por eso lo más seguro es acudir a la consulta y dejar que sea el equipo médico colegiado quien decida qué medicación, si procede, y qué tratamiento necesita.
El tratamiento: eliminar la infección
Aliviar el dolor es solo el primer paso; la solución real pasa por eliminar el foco de la infección. Según el origen, el tratamiento puede consistir en drenar el absceso, realizar una endodoncia para limpiar el interior del diente cuando la infección viene del nervio, o abordar el problema desde la encía mediante periodoncia si el origen es periodontal. En algunos casos, cuando el diente no puede conservarse, puede ser necesaria una extracción.
Sea cual sea la vía, el objetivo es siempre el mismo: retirar la infección para que la zona cicatrice y el absceso no vuelva a aparecer. Puede consultar más contenidos de salud bucodental en nuestro blog.
En la consulta lo repito a diario: un absceso no se aguanta ni se soluciona con pastillas por cuenta propia. Es una infección, y cuanto antes tratamos su causa, antes se acaba el dolor y menos complicaciones aparecen.
Dra. Patricia Palma · Dirección médica de P&P Clinic¿Tiene un absceso o un dolor que no cede?
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